EL NUEVO CAMPO DE ACCIÓN DEL CRIMEN… EL CIBERESPACIO

MDP. Diana Rivas Mayett

Es cierto que ya no es nueva para nosotros el área en la que se está desarrollando la criminalidad en nuestros días. El cibercrimen es una realidad tan palpable, que incluso pueden llegar a intimidar los alcances que consiguen tener los delitos cometidos por los medios informáticos.

Delitos informáticos, cibercrimen y cibercriminalidad, son términos que han sufrido cierta evolución  gramática y conceptual de cyberspace y computercrime o computer related crimes, para referirse al ciberespacio como el nuevo campo de acción de los criminales, así como a los ilícitos que son cometidos en uso de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC). Paulatinamente se ha ido cambiando la primera concepción por la última de éstas, y con la cual de la misma forma que Fernando Miró Llinares en su publicación La oportunidad criminal en el ciberespacio, nos manifestamos como la más correcta, si nos queremos referir a los delitos que se cometen en uso de las TIC dentro del ciberespacio, pero con su consumación y repercusión dentro del mundo físico y que involucra una mayor amplitud de conductas criminológicas.

Lo anterior toda vez que en nuestra opinión y tal como se trató en nuestro libro CIBERCRIMINALIDAD EN MÉXICO©, la concepción de delito informático se traduce a actividades ilícitas delimitadas a las de este carácter estrictamente, hablándose así de delitos informáticos puros. En este contexto mencionaríamos acciones criminales como el hacking, cracking, phreaking, cybersquatting, entre otros.

Sin importar se trate de una computadora, un i-phone, i-pad, teléfono celular o cualquier otro de los avances en las TIC, nos encontramos muchas veces con atentados contra el patrimonio como el robo o el fraude a través de cracking o phreaking, contra los derechos de autor o propiedad industrial como el cybersquatting, contra las vías de comunicación o seguridad tanto individual o nacional en el caso de ataques DNS, hasta con el robo de datos personales o “de identidad” con actos de phishing, por citar algunos.

Es por ello que hablamos de dos mundos. En ellos existe la posibilidad de causar daño a una o varias personas e  incluso a un país entero. En el primero el mundo real, es palpable a todo habitante del planeta y en casi la totalidad de la áreas; mientras que el segundo, el  virtual, está constituido por las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) y que se mueven dentro del mundo del ciberespacio.

 La naturaleza del ciberespacio

¿Qué significa el ciberespacio? Este término proviene del género de ciencia- ficción en la literatura con la obra del autor William Gibson “Neuromante” en 1984,  y la cual es la novela principal de la corriente denominada cyberpunk, y en la que se basan la mayor parte de trabajos que surgieron al respecto. El título es una composición de los términos; “neuro” (mental) y “mante” (sujeto o actor de  mancia – adivinación, magia -)

Esta historia empieza con Case en el Chatsubo, el bar de su amigo Ratz. Case es un cibervaquero (hacker del ciberespacio) que intentó robar dinero a sus jefes; en castigo le inyectaron una droga que inhibe sus habilidades para conectarse a la matriz. Ahora se gana la vida en negocios sucios y asaltando gente. Despues de estar en el Chat, Case se encuentra con Linda, su chica, ella le advierte que Wage lo quiere muerto por no pagarle lo que le debe. Case decide visitar a Julius Deane para preguntarle lo que sabe acerca de las intenciones de Wage. Deane no sabe mucho al respecto. En las calles Case tiene la sensación de que alguien le sigue por lo que compra un arma, una fusta extensible de acero, en esos momentos la mayoría de la gente usaba máscaras filtradoras por la contaminación. Cuando Case vuelve al Chat, Wage se aproximó a la barra y se muestra sorprendido con las acusaciones sobre planear matar a Case. Al regresar a su cuarto de hotel, Case encuentra dentro a Molly, una chica que le apunta y le dice que va de parte de Armitage que quiere hacer negocios con él. Case acepta negociar de buena gana, mientras Molly guarda la pistola de dardos y las 10 cuchillas que le salen bajo de las uñas.

Posteriormente en el siguiente capítulo la narración continúa en un elegante hotel, Armitage le explica sus propósitos a Case. Él corregirá los desperfectos neuronales de Case para que pueda volver a ser un cibervaquero. A cambio espera los servicios de Case para unos asuntos. El protagonista accede a la operación, cuando despierta han pasado algunos días y está en su cuarto del Hotel Barato con Molly. Case y Molly van a pagarle el dinero que debe a Wage para luego asistir al espectáculo de una lucha a muerte. Entre el público de la arena Case ve como asesinan a Linda.Un chico está a punto de matar también a Case pero Molly lo impide. Molly le dice a Case que el individuo detrás del asesinato de Linda es Julius Deane. Después de su examen físico posoperatorio Case, Molly y Armitage salen de Chiba.

Años más tarde Gibson proseguiría la trama de Neuromante, con las novelas Conde Cero y Mona Lisa Acelerada formando entre las tres la llamada Trilogía del Sprawl.

Miró Llinares por su parte, define a las TIC e Internet en general, como un lugar de comunicación social transnacional, universal y en permanente evolución. Al empezar un análisis sobre si el ciberespacio es un nuevo campo de acción para cometer crímenes, realiza una alusión a la metáfora de Grabosky que considera al cibercrimen como: “old wine in new bottles” y considera que se podría mirar en tres aspectos:

  1. Tipo de delincuencia esencialmente nueva y sobre la cual no son válidas ninguna de las teorías aplicables al delito cometido en el espacio físico nacional;
  2. Misma delincuencia con un aspecto diferente y para la que son válidas las mismas teorías y los mismos instrumentos usados frente al crimen en el espacio físico; y
  3. Criminalidad con elementos configuradores idénticos pero que se ven afectados esencialmente, al tratarse del ciberespacio e influyendo significativamente en la definición y prevención del delito.

En este tenor de ideas y retomando la frase de Grabosky enunciada anteriormente, nos pronunciamos por la segunda opción al englobar a la ciberdelincuencia dentro de los mismos  criminales que existen en el mundo físico, pero con un aspecto diferente y para quiénes son válidas las mismas teorías y los mismos instrumentos usados frente al crimen en el espacio físico. Toda vez que como mencionamos con antelación, mediante el cibercrimen se cometen mucho más que simplemente ilícitos que atentan en contra de los equipos informáticos o que se mueven dentro del ciberespacio, sino que de la misma forma nos enfrentamos con conductas delictivas que también quebrantan bienes jurídicos del mundo físico, y simplemente las TIC son un medio comisivo diferente a los que se habían utilizado para la obtención del fin delictivo.

 

Así pues tenemos que el ciberespacio se ha considerado como un espacio virtual de interacción, ya que a diferencia de otro tipo de espacios, éste puede ser utilizado para distintas funciones mientras tiene una naturaleza física primaria. Así,  el ciberespacio surge directamente como un ámbito relacional. Es decir, dos personas pueden encontrarse en un lugar y comenzar allí algún tipo de relación, pero ese sitio estaba ahí antes de ello y seguirá después de que esa relación termine. El ciberespacio existe solamente como área relacional y su realidad se construye a través del intercambio de información. Es decir, es espacio y es medio. Una red sin interacción entre sus miembros deja de ser ésta, ya que existe porque hay relaciones entre sus integrantes.

El carácter emergente de este último hace esencial vincularlo con aquello que determina su emergencia, esto es, con la idea de comunicación. Aquél surge en y por ésta, de ahí su doble naturaleza de espacio y medio. Lo anterior toda vez que se origina cuando se producen ciertos tipos de aquélla.

La diferencia entre un espacio físico y uno virtual desde ésta área, es esencial para la comprensión de la naturaleza del ciberespacio. De esta circunstancia, se derivan toda una serie de consideraciones y características que lo convierten en algo históricamente único, en una experiencia humana nueva.

Con la visión inicial de Gibson, se ha pasado a un mundo virtual por un lado pero real por otro, si entendemos como real aquél en el que es posible realizar acciones y tomar decisiones. Son cada vez más, las zonas de equivalencia o las sustituciones de actividades entre ambos mundos. Ciertas tareas que antes era necesario realizar físicamente, ahora se pueden realizar a través de escenarios virtuales alojados en el ciberespacio.

El peligro de esto radica en que la eficacia del mundo virtual ha hecho desaparecer del real elementos que hasta hace poco, parecían firmemente anclados en el entorno material y parte de nuestra realidad. Al mismo tiempo que éstos en muchas ocasiones han sufrido alteraciones con finalidades ilícitas que cada vez son más amplias y frecuentes.

La guerra entre…  ¿tres mundos?

Hasta hace poco las diferencias se establecían entre mundos de índole real y ficticio, ésta parecía sencilla. La entrada del concepto de “virtualidad” ha enredado un poco las cosas, ya que ésta no es lo imaginado/imaginario como sucede con lo ficticio. En los espacios virtuales, es posible realizar ciertas acciones que se acercan más a una nueva forma de realidad, que a una nueva forma de “fantasía”.

La idea misma de “realidad virtual” es en sí misma paradójica. Cada uno de los dos términos apuntar en direcciones lógicas y contrarias a la vez. La realidad es lo que es, mientras que la virtualidad se dirige hacia la apariencia, a lo fantasmal, al espejismo de realidad. Sin embargo, no nos encontramos exactamente ante una “alucinación consensual”, como señalaba Gibson, sino ante la disolución estructural de los límites del concepto mismo de realidad. A diferencia del positivismo decimonónico, la post modernidad nos ha acostumbrado a dudar de la realidad de la realidad en varios aspectos.

Gibson al referir al término “alucinación” se opone a lo que no lo es, diferenciando y salvaguardando una realidad sólida frente a lo irreal de la alucinación. Mientras que lo virtual por otro lado, no es una alucinación y su grado de consenso es relativo, ya que no necesita de nuestra confirmación o adhesión para existir. En ese contexto este último al igual que lo real, están ahí, dados. Esto ya que su aparición no es fruto de un desajuste interno de la percepción, sino de la construcción, deliberada y consciente, de un nuevo espacio en el que desarrollarnos como humanos.

En última instancia se da la paradoja (o ironía) de que podemos dudar de la realidad, pero no de la virtualidad en la medida en que el estatus de la primera se ve cuestionado y no el de la última, puesto que es el resultado de nuestra voluntad constructiva. Lo real pasa a ser un concepto duro que se resquebraja por su misma dureza, mientras que lo virtual es una definición blanda por su propio carácter artificial. El primero es lo dado, pero por su parte lo segundo es lo creado.

Explicar el ciberespacio como un área virtual de interacción supone, entonces, reconocer que se ha creado un ámbito en el que no vivimos alucinados, sino plenamente humanos, desarrollando partes de nuestras potencialidades.

Esta zona virtual está constituida por la ampliación de nuestra capacidad de comunicación, es decir, de interacción. En ocasiones, se entiende a éste como una gran acumulación de información. Esto es cierto, pero no es lo básico. No dejaría de ser simplemente una gran base de datos en la que los usuarios se limitarían a localizar información y saldrían como de cualquier biblioteca. Lo básico son las posibilidades de interacción; esta capacidad de interactuar se ve también ampliada respecto a otras formas más limitadas anteriores. A diferencia de otros medios, el ciberespacio es también medio, toda vez que permite la convivencia, la construcción de relaciones de diversos tipos y grados. En ese sentido nos encontramos con que la base de este último y a su vez punto de encuentro, es la comunicación, el intercambio de información. 

La comunicación en el ciberespacio

Las comunicaciones que se establecen básicamente son de tres tipos:  

a) Intercambio de información entre máquinas– Las máquinas poseen sus propios lenguajes; aquellos que ha sido creados por los seres humanos para que ellas puedan responder a los requerimientos de otras máquinas o de los seres humanos, cuando demandan de ellas algún tipo de respuesta/acción. Estos lenguajes posibilitan sus programas para el procesamiento de la información que entra y sale de ellas.

Los lenguajes de las máquinas están diseñados para que se establezcan los intercambios de información necesarios para que alcancen el objetivo (meta) predeterminado. Dos o más máquinas conectadas suponen una ampliación de sus propios sistemas, inicialmente aislados, y la creación de un sistema más amplio en el que fluye la información aumentando su capacidad de actuación, es decir, de procesamiento. El ejemplo más claro son los proyectos de trabajo distribuido en los que las máquinas integrantes de una red pueden trabajar colaborativamente destinando una parte de sus recursos a crear un macro-ordenador, virtual emergente, con una capacidad de procesamiento muy superior a la de cada uno de ellos individualmente.

Esto es posible gracias a la existencia de lenguajes comunes, que posibilitan el procesamiento de señales/instrucciones por parte de las diferentes máquinas y su colaboración en una meta/tarea común.

b) Intercambio de información entre hombres y máquinas– Las máquinas son sistemas que poseen dispositivos de entrada y de salida. En nuestro caso, es en los primeros donde se establecen las interfaces que posibilitan el intercambio entre máquinas y seres humanos. Para que sea posible comunicarse con ésta es necesario establecer un lenguaje comprensible para que traduzcamos nuestras intenciones en órdenes. Los límites de nuestras intenciones están en las restricciones de las ordenes que la máquina puede aceptar para procesarlas. Es decir, que nuestras posibilidades comunicativas se reajustan en función de aquellas que aquélla puede aceptar y convertir en salida lógica o mecánica.

c) Intercambio de información entre seres humanos a través de las máquinas– El diccionario define “cibernética” como el “estudio de las analogías entre los sistemas de control y comunicación de los seres vivos y los de las máquinas; y en particular, el de las aplicaciones de los mecanismos de regulación biológica a la tecnología”. Esta definición adquiere una nueva dimensión cuando no se trata ya del “estudio de analogías”, sino del estudio de un proceso integrado. Ya no hay analogías, casos separados que muestran semejanzas, sino un proceso integrado en el que hombres y máquinas se encuentran imbricados plenamente a través de una intermediación comunicativa.

La denominada CMC (Computer Mediated Communication) ha supuesto un campo de estudio de este tipo de relación en los procesos señalados. Trata de abarcar el conjunto del acto comunicativo y sus condicionamientos y posibilidades. Su ámbito es el intercambio “hombre-máquinas-hombre”. En sus comienzos, se ajustaba al tipo de comunicación posible en función del desarrollo de la tecnología, es decir, las formas textuales escritas de las comunicaciones. Posteriormente se ha ido ocupando de todas aquellas herramientas de comunicación que han ido apareciendo al aumentar el desarrollo de la Red, tanto en su parte de hardware como de software.

Ahora bien, estos tres tipos de intercambios de información, no deben pensarse como elementos separados. La realidad es que en el ciberespacio, quienes se comunican directamente son las máquinas. Son ellas las que actúan como mediadoras para posibilitar nuestras comunicaciones interpersonales. Así pues, éste es un espacio relacional cibernético, en el que unas máquinas que constituyen una red sirven de medio para que se establezcan unas comunicaciones entre humanos. El hecho es que estos tres tipos se dan simultáneamente, formando parte de un proceso:

1) Establecer contacto con otros seres humanos que están en otros puntos de la red,

2) Los hombres nos comunicamos a través de las máquinas, y

3) Máquinas que se comunican entre sí.

 

Sin embargo, el utilizar el término “comunicación” tanto para máquinas como para hombres, o entre hombres y máquinas, puede inducirnos a error si pensamos que estos procesos de intercambio de información son de la misma naturaleza. Efectivamente, en los tres casos se produce un intercambio de información, pero estos tienen fines y condicionantes distintos. Los fenómenos de tráfico de información se dan prácticamente en todos los niveles de la escala biológica y es la forma de regulación o de autorregulación de los sistemas complejos. Pero lo que nos interesa en este momento son dos tipos de fenómenos de intercambio y su naturaleza: los que se producen entre seres humanos y máquinas y su interrelación.

 El ciberespacio como nuevo eje social

Uno de los fenómenos más destacados de las sociedades industriales y postindustriales es el efecto uniformador que sufren como resultado de las tendencias generadas por la situación de mercado y consumo. La expansión de productos hacia otros lugares tiene como resultado la introducción de costumbres, modas y nuevos hábitos en los que esos productos se inserten. El producto es el objeto sobre el que gira toda esta dinámica transformadora de la sociedad. De la interacción producto-sociedad se derivan muchas de las transformaciones sociales que en muy distintos lugares geográficos se han producido y cuyo efecto final es el mercado global.

Un papel relevante en estos procesos de creación de entornos de consumo lo han ejercido y ejercen los medios de comunicación masiva, auténticos generadores de hábitos mediante la propuesta de modelos de comportamiento social. Este proceso de uniformidad cultural es uno de los elementos claves del desarrollo del siglo terminado y del que estamos comenzando.

Así las cosas, nos encontramos con un mundo en el que la globalización ha extendido el fenómeno de uniformidad cultural hasta alturas nunca alcanzadas, con una uniformidad cultural que busca posibilitar una acción efectiva sobre la sociedad desde el punto de vista económico y en el que los medios de comunicación masivos tienen como función estimular el consumo proponiendo modelos de comportamiento.

De la misma forma que no encontramos con el que la concentración de medios, junto con la extensión que supone la globalización, ha convertido a estos medios en un poderoso instrumento de los grandes grupos económicos cuyos intereses se ramifican por todos los sectores. Así como con el que la dimensión de “ciudadano” ha sido sustituida por la de “consumidor” y la de “Estado” por la de “Mercado”, como efectos de un pensamiento básicamente economicista que se extiende a todos los ámbitos.

Todos estos aspectos enmarcan un tipo de sociedad cada vez más uniforme, en la que las diferencias son sacrificadas mediante un reduccionismo cultural que tiende a convertir lo complejo en simple, lo dinámico en estereotipo y la identidad en marca.

En esta situación, se dan dos posturas básicas ante el fenómeno del ciberespacio: 

a) Instrumento de prolongación de las acciones económicas que realizan en el mundo real.

b) Foco de resistencia al avance de las tendencias mercantilistas.

 

Estas dos tendencias están en conflicto desde que los primeros se dieron cuenta de que aquella primera excentricidad, que había nacido en las universidades norteamericanas, tenía unas grandes posibilidades económicas.

En sus orígenes, el ciberespacio se presentó como una tendencia contracultural, una forma de resistencia ante la presión que los medios masivos realizaban sobre la sociedad, en especial como una alternativa creativa al medio más denostado: la televisión.

Algunos autores consideran que el ordenador y el televisor fueron los primeros rivales por estimar a esta última como una degradación cultural, el consumismo más exacerbado y la manipulación masiva. Y aun cuando estamos de acuerdo parcialmente con esto último, toda vez que la televisión es medio por el que se puede ejercer el poder en muchas maneras y reflejo de la cultura de los países de cierta forma, consideramos que de la misma forma y posiblemente con mayor alcance fue la radio, que surgió mucho antes que el ordenador e incluso que el televisor.

Uno de los aspectos más interesantes del ciberespacio ha sido cómo fue capaz de vertebrarse a través de sus propias normas y capacidad de organización. Las primeras oleadas de “cibercolonos” tenían la sensación de estar creando un Nuevo Mundo virtual fundando una nueva Utopía, alejados de los sistemas mercantilistas y caducos en los que su vida material se encontraba sumergida.

Mezcla de espíritu libertario de los sesenta y del dominio de la tecnología, el ciberespacio fue escenario de un nuevo movimiento social. A diferencia de los movimientos contraculturales de los sesenta, de marcado carácter antitecnológico, estos nuevos movimientos abrazan la tecnología como un elemento de liberación y de creación respecto al mundo exterior.

El 8 de febrero de 1996, en plena explosión del Internet se presenta la denominada “Declaración de Independencia del Ciberespacio”, escrito por John Perry Barlow y en el que se especifican las diferencias entre las mentalidades que rigen los dos mundos: el mercantil y el libertario-tecnológico. Todo ello se vincula además con la brecha generacional entre unos jóvenes que ven en el ciberespacio su patria y unos adultos que son incapaces de comprender el alcance, el fundamento y la extensión de este “fenómeno” (por designarlo de una manera pero no considerándolo como tal por no ser algo pasajero, momentáneo. Lo anterior explicamos en nuestro libro CIBERCRIMINALIDAD EN MÉXICO©)

Nos encontramos así con una ruptura entre dos mundos y dos bloques de edad separados por una barrera invisible: la tecnología. Para los primeros es un producto al servicio del consumismo; para los segundos, una herramienta de liberación. De ahí que las dos formas de ver el ciberespacio no se haya resuelto. Los instrumentalistas de la red se movilizan a través de dos vías: las empresariales y las estatales y, en ocasiones, la alianza de ambas para su control. Son los años de las grandes campañas de defensa de la red. Lazos de diversos colores decoran las páginas buscando que los internautas se agrupen para enfrentarse al enemigo común. La red manifiesta su fuerza aglutinando voluntades y son frenados muchos proyectos cuyos objetivos (más o menos declarados, según los casos) eran el control de la red y de los usuarios.

Esta resistencia a los movimientos de control se sigue manteniendo en la parte activista del ciberespacio. Un aspecto interesante de este nuevo territorio virtual es su estratificación conforme al grado de vinculación con la red.

Podemos encontrar una escala que va desde el mero usuario circunstancial a los activistas que reivindican la independencia del territorio virtual. En medio de la escala, se encuentran todo tipo de personas, usuarios y profesionales, cuyo grado de compromiso e identificación está en función de sus proyectos, grupos, etc.

El ciberespacio como sistema

De acuerdo con Niklas Luhmann en su libro “Teoría de la sociedad y pedagogía”, desde una perspectiva sistémica, el ciberespacio se constituye como un espacio diferenciado respecto de un entorno. Esta diferencia es la que se establece entre el mundo “real” respecto a un mundo “virtual”. Si concebimos el ciberespacio como “sistema”, el mundo real se constituye como su entorno diferencial. Asimismo nos señala:

El punto de partida de cualquier análisis teórico-sistémico debe consistir en la diferencia entre sistema y entorno […] Los sistemas están estructuralmente orientados al entorno, y sin él no podrían existir: por lo tanto no se trata de un contacto ocasional ni tampoco de una mera adaptación: Los sistemas se constituyen y se mantienen mediante la creación y la conservación de la diferencia con el entorno, y utilizan sus límites para regular dicha diferencia. Sin diferencia con respecto al entorno no habría autorreferencia ya que la diferencia es la premisa para la función de todas las operaciones autorreferenciales. En este sentido, la conservación de los límites (boundary maintenance) es la conservación del sistema.

Tal como indica Luhmann, el hecho diferencial es la base, el punto de partida para la comprensión de un sistema. En los supuestos teóricos de Luhmann, identidad y diferencia son los dos principios básicos en la determinación del sistema. Ambos principios son necesarios y complementarios: es la diferencia la que permite alcanzar la identidad frente al entorno.

En este caso, nos encontramos ante un sistema, el ciberespacio, con una doble condición: su base material (redes, hardware, etc.) y su uso social (usuarios, relaciones y procesos).

En cuanto sistema, el éste puede ser incluido entre los sistemas sociales. Las taxonomías de los sistemas establecen tres modos en función de los elementos que los constituyen: sistemas abstractos, sistemas de objetos y sistemas de seres vivos. En los primeros, son las ideas las que entran en interrelación; los aquéllos de objetos pueden ser ejemplificados con las máquinas; y por último, los relativos a seres vivos, van desde los organismos más elementales a los más complejos sistemas sociales.

Sin embargo, esta inclusión en el grupo de los sistemas sociales no debe hacernos olvidar su pertenencia también al segundo de los grupos, aquéllos constituidos por objetos, máquinas en este caso. Esta doble condición debe ser tenida en cuenta en todo momento, ya que de olvidarla se pueden producir múltiples errores de percepción y conceptuales. El ciberespacio es, entonces, un sistema social constituido sobre un sistema tecnológico y las posibilidades emergentes del primero están en función de los desarrollos que se dan en el segundo. Es decir, la tecnología, entendida como arquitectura material del sistema, es la que posibilita el establecimiento de los tipos de interacciones entre los elementos que constituyen el sistema social. De esta forma, estos dos sistemas de diferente naturaleza, el tecnológico y el social, se imbrican formando un sistema emergente denominado “ciberespacio”.

La mayor o menor transparencia tecnológica no supone anulación alguna, sino precisamente lo contrario: su mayor integración. En la medida en que el sistema tecnológico subyacente se hace invisible, más natural se hace el social. Sin embargo, esta invisibilidad está en función, precisamente, de su condición de límite, de frontera del sistema social. Es la tecnología la que establece el repertorio estructural de lo posible social. Como abanico de lo posible, como estructura límite, es en el segundo nivel en donde la contingencia del sistema se actualiza a través de las decisiones constructivas de los usuarios que utilizan las posibilidades tecnológicas para realizar sus necesidades sociales.

Esta interacción entre los dos sistemas o, mejor, subsistemas del ciberespacio es determinante, ya que su evolución se produce mediante las ampliación de las posibilidades estructurales de los límites tecnológicos. Es decir, la tecnología es la meta, pero sus límites son ampliados por la actuación de los agentes sociales.

Si los sistemas en su conjunto están orientados hacia metas que son las que determinan su evolución o cambios de estados, en el ciberespacio estos objetivos generales son desde nuestra perspectiva, la fusión entre los deseos sociales y las posibilidades tecnológicas de su realización. Es decir, aquél evoluciona hacia unas metas básicamente sociales, como es propio de los sistemas autopoiéticos, se cumplen gracias a un proceso permanente en el que son los propios elementos integrantes del sistema los que producen los nuevos elementos del sistema.

En este contexto, aquél evoluciona a través de una serie de metas que pueden ser desglosadas de la siguiente forma:

Objetivos sociales _ Buscan su cumplimiento a través del ciberespacio. Su realización es                    exterior; su cumplimiento es la forma de modificar el entorno social.

                                            _ Buscan su cumplimiento en el interior del propio sistema.

>-Objetivos tecnológicos       _ Buscan modificar las condiciones de la arquitectura del sistema para posibilitar las actuaciones sobre el entorno.

                                                   _ Buscan mejorar las propias condiciones del sistema aumentando su eficacia, entendida como mejora y ampliación de sus posibilidades.

 

Este desglose nos muestra que el sistema dirige sus acciones tanto hacia su interior como hacia el entorno. Con este doble movimiento, exterior e interior, es posible que el primero evolucione y cumpla los objetivos-metas fijados.

En el primer caso, el ciberespacio es utilizado como un medio para el cumplimiento de unos objetivos exteriores. Podemos decir que no encontramos ante un uso instrumental de éste, ante su uso como herramienta de actuación sobre el entorno. Como ejemplo de esto, podemos considerar todos aquellos usos que buscan el apoyo comunicativo a través del ciberespacio.

En el segundo de los casos, se permite la realización de objetivos sociales por medio del interior del propio sistema. Ya no nos encontramos ante un medio, sino ante un espacio de convergencia: las actividades se realizan dentro del ciberespacio mismo y no es posible su realización en el exterior.

Un ejemplo de esto son todos aquellos espacios de la red en los cuales se desarrollan actividades específicas que no pueden ser realizadas fuera de ella. Las comunidades de jugadores on-line, por ejemplo, son características de este tipo de cumplimiento de objetivos. La actividad que desarrollan solo puede realizarse en el ciberespacio, que sirve en este caso de espacio de encuentro. Estén donde estén, convergen en el espacio emergente que se genera con su propia actividad. La actividad (el juego) sucede exclusivamente en el ciberespacio y solo allí puede suceder; mientras dura, los participantes están constituyéndose como comunidad virtual, como un subsistema dentro del sistema.

 

Este espacio virtual, creado por el acto comunicativo, dura mientras dura la comunicación. Los usuarios interactúan dentro de los límites que el sistema permite, es decir, están condicionados por las posibilidades tecnológicas y comunicativas para el desarrollo de su actividad. Por ejemplo, la tecnología puede establecer el límite de participantes-jugadores que pueden jugar simultáneamente en función de la capacidad del servidor (máximo de conexiones) o del software que estén utilizando (máximo de jugadores). A su vez, la partida-actividad puede estar condicionada por la velocidad de transmisión de la red, el tipo de conexión utilizado por cada uno de ellos (velocidad del módem, anchos de banda disponibles, adsl, etc.) la saturación del tráfico de la red, etcétera.

El tercer tipo son los destinados a modificar el sistema tecnológico con vistas al mejor cumplimiento de determinados fines externos al propio sistema. Pensemos en la modificación de la velocidad de conexión de una determinada parte de la red, en la sustitución de componentes de hardware (un servidor, el ordenador de un usuario, etc.) para mejorar la eficacia en el cumplimiento de un objetivo. La instalación, por ejemplo, de una webcam por parte de un usuario en su ordenador supone una ampliación de sus posibilidades de comunicación con otras personas en la red.

Por último, la cuarta clase de objetivos afecta a lo que es el funcionamiento del conjunto de la red. Su fin es el aumento de la eficacia general del sistema, que redundara en otros tipos de eficacia sobre los objetivos o metas parciales. Son los aspectos que modifican la propia esencia del sistema. Aquí tendríamos en cuenta, por ejemplo, las modificaciones en los diferentes protocolos de transmisiones, las ampliaciones de los lenguajes (las distintas versiones del lenguaje HTML), las distintas versiones de los navegadores web, etc. y, en el plano del hardware, todas aquellas acciones globales tendentes a la mejora del tráfico general de la red, tanto en velocidad como en calidad. Aquí lo que se busca es la mejora del marco general, del sistema entendido como globalidad. La actuación sobre esos elementos repercute en la totalidad del sistema.

El carácter híbrido del ciberespacio marca su naturaleza sistémica especial. Los niveles de objetivos o metas que acabamos de explicar pueden describirse en dos niveles: a) intereses humanos; y b) intereses de máquinas. Aquí es donde podemos percibir con claridad la interacción del sistema, si bien con una modificación importante respecto a otro tipo de sistemas. Un concepto fundamental en los sistemas es el de jerarquía. La forma en que se establecen las jerarquías de las metas es fundamental para la priorización de los procesos. El carácter híbrido del Ciberespacio nos permite comprender que bajo este concepto están conviviendo dos sistemas superpuestos, cuyos límites son difusos y, en muchos casos, ambiguos.

El hecho de que sus usuarios sean seres humanos, encuadra el sistema entre los de tipo social; mientras que el que éstos utilicen un sistema constituido por máquinas computadoras y sus conexiones, hace que participe de otro, el constituido por objetos.

Las máquinas, como sistemas, no pueden, por definición, tener objetivos sociales, pero sí pueden estar al servicio de objetivos sociales, es decir, convertirse en instrumentos para alcanzar las metas de otros sistemas superiores. Puede señalarse, entonces, que los sistemas sociales (constituidos por los usuarios) son jerárquicamente superiores a los de las estructuras informáticas que utilizan. Sin embargo -y esto es lo que define su especial naturaleza-, estos objetivos no pueden cumplirse si el sistema tecnológico no logra alcanzar los suyos, puesto que papel es de mediación.

Si el objetivo prioritario del sistema social del ciberespacio, es permitir las interacciones entre los elementos sociales que lo constituyen, el objetivo del sistema tecnológico es mantener unos niveles de eficiencia comunicativa capaces de permitir las interacciones sociales.

Las metas del sistema tecnológico son simples: aumentar y hacer más rápido el flujo que constituye la esencia del ciberespacio: la información. Todos los esfuerzos en el diseño de redes, protocolos, etc. van encaminados en el mismo sentido señalado: caudal y velocidad.

Si repasamos la historia de los avances tecnológicos aplicados a este último y sus elementos, comprobaremos que todos han ido en esta misma dirección. El aumento del ancho de banda, las velocidades de los módems, los sistemas de compresión, etc. buscaban que fuera posible enviar más información en menos tiempo. El trabajo de mejora de los sistemas de compresión de información puede entenderse como una forma indirecta de aumentar la velocidad de transmisión; al ocupar menos, los datos comprimidos, son transmitidos en menos tiempo. Existiría un tercer objetivo de otro orden: la estabilidad del propio sistema. No solo se incide en la velocidad y en el aumento del caudal informativo, sino que, cuanto mayor es el crecimiento y complejidad del sistema, el factor estabilidad pasa a ser esencial pues aumenta el riesgo de inestabilidad.

Con solo el aumento de estos dos primeros parámetros se modifican los tipos de actividades posibles en los niveles sociales. Todo lo que vemos en los monitores de nuestros ordenadores no es más que una representación virtual de una información codificada. Si se aumenta la velocidad de transmisión, es posible que esa información recibida dé forma a una representación virtual más completa y compleja. El aumento de la velocidad permite también la realización de actividades en tiempo real, es decir, simultáneas entre un número variable de usuarios.

Este aumento ha permitido, igualmente, la inclusión o mejora de elementos como los vinculados a la presencia de la imagen: video digital, videoconferencia, etc., que tienen unos requisitos de procesamiento de información mucho mayor que los meramente textuales. Esto no solo permite nuevas forma de actuación e interacción, sino nuevas formas de creación. El aumento de las posibilidades de creatividad está en función de la apertura de nuevos medios de expresión o de la modificación/ampliación de los existentes. En este sentido, la digitalización aplicada tanto a los medios como a los resultados se convierte en una forma de aumentar las posibilidades de introducción de nuevas informaciones en el sistema.

La información digital, en efecto, es la base del flujo circulante de la red. Las nuevas posibilidades, como decimos, de producir información digitalizada redundan en un aumento del valor total del sistema tanto en términos absolutos como en relativos. En términos absolutos, porque existe una mayor cantidad disponible de información y, en términos relativos, porque este aumento de la información supone un aumento de las posibilidades de interacción y de generación de información. La red es información y, como es característico de este tipo de sistemas, son los propios elementos los que permiten el crecimiento del sistema mismo. La información genera información.

Ciberespacio e identidad

Uno de los hechos que más ha llamado la atención de los analistas y comentaristas del ciberespacio desde sus principios, es la cuestión de las identidades. Es cierto que en muchas ocasiones, se ha partido de lo anecdótico de ciertos hechos o circunstancias, ignorando que este no es algo nuevo (asumir personalidades distintas para distintas situaciones). Lo que sí es relevante es que dada la diferente naturaleza de los dos mundos, TODO usuario asume una nueva identidad para su participación en el ciberespacio.

En este nuevo espacio relacional nos convertimos necesariamente en seres informacionales. Nuestra esencia, que coincide con nuestra presencia virtual, es pura información. Esencia, presencia y existencia, en el ciberespacio son las tres caras unificadas de nuestra representación informativa. Aquí, somos signo y texto a la vez. Pasamos a formar parte de una comunidad textual virtual.

Este hecho capital no ha sido todavía analizado en sus implicaciones, quizá tan solo, en sus efectos indirectos y anecdóticos. El hecho en su evidencia, es que en el ciberespacio somos información. Es más, en gran medida somos información autodefinida: debemos elegir un nombre, un nick, un alias… A este hecho nominal, un auténtico bautizo, que marca nuestro nacimiento como sujetos identificables, se suma el hecho de que nuestra identidad ha de rellenarse solo con información. Nuestra dimensión no es ya física, sino textual. Somos historia y, como historia, textos. Somos relato: relación de hechos, reales o no, y nuestra coherencia personal pasa a ser coherencia textual. En la red podemos tener la personalidad, edad, sexo, ocupación, ubicación, etc. que nosotros queramos, lo cual representa un gran peligro si lo enfocamos a las conductas criminales que se pueden generar derivada de la identidad que se desee mostrar en la red.

Como relatos, podemos contarnos y ser contados, definirnos o ser definidos. Aparecemos en los textos que generamos (chats, news, correos, etc.) y aparecemos en los textos que otros generan. En la red, somos la suma de todos los textos en los que aparecemos: esa es nuestra presencia-esencia y lo que constituye nuestra historia personal-virtual. Unos textos hablaran de nuestra vida exterior y otros serán pura actividad en el ciberespacio. Esto implica el juego de un derecho fundamental que tiene todo ser humano, cualquier cibernauta en este caso, y sobre lo que hemos hablado ya en textos anteriores como lo es el derecho a la privacidad.

El ciberespacio como campo de acción en las conductas criminales

Las primeras discusiones criminológicas respecto al cibercrimen tornaron sobre las posibles motivaciones del  hacker, posiblemente por lo atractivo que resultaba éste y que, sin embargo, parecía tan alejado del prototipo de delincuente, pero focalizarse en  la comprensión de los condicionantes de su conducta y sus modalidades.

En los últimos años, el enfoque ha cambiado y si bien, podemos encontrar interesantes estudios de criminología aplicada a la cibercriminalidad en las que se manejan teorías de la criminalidad, como la del autocontrol (TAC), la decisión racional, la del aprendizaje social, el control social o el etiquetamiento, gran parte de los estudios criminológicos que tratan de comprender el crimen en Internet y de, incluso, definir los caracteres particulares de este evento por el hecho de llevarse a cabo en el ciberespacio, toman en consideración para su análisis el “approach” de la oportunidad y, más concretamente, la TAC de Cohen y Felson. 

Esta teoría se convirtió en el principal punto desde el que se analizó  las especialidades del crimen en el ciberespacio. Ya hace tiempo que se puede constatar que la criminología ha centrado su foco en el crimen como evento, completo y complejo, que conlleva la constatación de un espacio de oportunidad criminal cuya identificación y análisis puede ser esencial a efectos preventivos. La TAC es, sin lugar a dudas, parte del germen de este cambio de visión de la criminología y, en particular, de las teorías de la oportunidad o del día a día que en los últimos años parecen estar en el centro de los principales debates criminológicos, superando las expectativas que se marcaban para la criminología ambiental y que han dado lugar, en conjunción con la teoría de la decisión racional, a los desarrollos sobre la prevención situacional del delito.

No es tan extraño, pues, que la TAC, que también ve el delito como evento y que tiene una importante tendencia hacia la explicación preventiva, se utilice por los criminólogos de hoy para tratar de comprender un nuevo fenómeno como el cibercrimen. 

En segundo lugar, no debe menospreciarse el hecho de que la TAC partiera, como una de sus premisas fundamentales, de la idea de que la modernidad, y en ella la evolución tecnológica, llevaba implícita el aumento del contacto entre potenciales autores, potenciales víctimas y, en algunos casos, la disminución de guardianes capaces de evitar el crimen, con el consiguiente aumento en las tasas de criminalidad.

Lo cierto es que si en el momento en que se enunció esta teoría, ello se apoyaba en evoluciones tecnológicas como el automóvil y sociales como la igualdad entre hombre y mujer, que habían modificado la relación entre el ofensor motivado, el objetivo y la ausencia de mecanismos de defensa, hoy, la aparición de un nuevo espacio de comunicación personal transnacional, universal y sujeto a revolución permanente, como es el ciberespacio, anticipa la existencia de un nuevo contexto de oportunidad criminal que coexistirá en el tiempo con el de la realidad física, y que pudiendo compartir con éste el que el delito dependerá de la relación entre victimario, víctima y mecanismos de protección, divergirá en la manifestación concreta de estos mismos factores, fruto de la especialidad del medio en que convergen.

Una teoría, como la de las actividades cotidianas, que presta tanta atención a la relación entre cambio tecnológico y cambio del crimen, es especialmente adecuada para el análisis de si las TIC conllevan la creación de un ámbito de oportunidad criminal nuevo y distinto. Al fin y al cabo, en tercer lugar todos aquellos enfoques del evento criminal, para el cibercrimen, las mismas centran la atención y el análisis en algo externo (aunque directamente relacionado con él cuando el evento sucede) al propio criminal, como es el propio lugar de comisión del delito. El nacimiento de un nuevo ámbito de comisión delictiva como el ciberespacio, con caracteres intrínsecos y extrínsecos significativamente distintos al espacio físico donde se siguen cometiendo el mayor número de delitos, conlleva que sea oportuno partir de aquellas teorías que prestan atención al lugar de comisión delictiva para comprobar los nuevos caracteres del evento criminal en el ciberespacio, si bien ello es perfectamente compatible con el análisis para cada delito en particular, de las teorías criminológicas que centran su atención en el agresor y sus condicionantes conducturales y cognitivos. 

En ese sentido vemos que un especial punto de unión entre el enfoque de la oportunidad y el cibercrimen,  tiene que ver con la necesidad de acudir para la prevención de esta nueva forma de delincuencia, a aquellas teorías que pongan el mayor foco posible en el control no formal, debido a la probada ineficiencia del control formal, y especialmente de las normas jurídicas nacionales (y no por inexistencia, sino por desconocer el cómo aplicar las existentes), frente a este tipo de crimen.

En efecto, y como advirtió Garland, las que él denomina “new criminologies of everydaylife”, dan de alguna forma por sentado que el Sistema de la Justicia Penal tiene una capacidad limitada para lograr efectos preventivos, por lo que centran su atención en el mundo de cada día para intentar actuar en él y prevenir así el delito. En palabras esta vez de Medina Ariza, “la prevención del delito es una responsabilidad de todos y no solamente de las agencias de control social formal o el sistema de justicia penal”. Es obvio que este enfoque tiene especial sentido ante un tipo de criminalidad como el que nos ocupa que, debido a que es realizada en el ciberespacio transnacional y anonimizado contra el que, de algún modo, van a chocar la Administración de Justicia y el Sistema penal nacional en general, requiere poner el foco de atención para su prevención, no sólo en lo normativo y lo formal, sino más allá de ello, en lo ambiental y en el propio actuar cotidiano de quienes acceden e interactúan en Internet. 

Todo lo anterior puede servir para explicar que hayan sido varios los criminólogos anglosajones que, a partir de la TAC y de las teorías de la oportunidad, hayan planteado la posibilidad de que el ciberespacio sea un nuevo ámbito de riesgo criminal en el que se vean modificados algunos de los condicionantes relacionados con el delito.

Ahora bien, por lo que hace al ciberespacio como un nuevo y “distinto” ámbito de oportunidad criminal  la hipótesis de partida es que el cibercrimen, como evento criminal, también depende de la presencia de los elementos constitutivos de la ecuación del delito, un delincuente capacitado y motivado para el delito, un objetivo o víctima adecuado y la ausencia de un guardián capaz, en la primera fórmula de la TAC, así como de los demás elementos incorporados en las siguientes fórmulas, pero todos y cada uno de estos elementos se ven modificados en algún sentido al darse en el ciberespacio. No de una forma tal que cambie su esencia, pero sí de modo que la confluencia de los mismos en el evento resulta distinta a la que define al crimen en el espacio físico.  Se trata, por tanto, de contrastar los elementos del delito con los caracteres intrínsecos y extrínsecos del ciberespacio, para definir los rasgos más singulares de ese nuevo ámbito de oportunidad delictiva y en comparación con el otro ámbito de oportunidad criminal, el del espacio real.

Las particularidades del cibercrimen deben ser tomadas en cuenta para definir los instrumentos de prevención del mismo.

Ámbito espacial y temporal del cibercrimen

El espacio y el tiempo son características intrínsecas no solamente de todo fenómeno social como opina Miró Llinares, sino de todo suceso que se da en las sociedades. El fenómeno es algo que es pasajero, es decir, tiene un lapso cuya temporalidad varía dependiendo de otros factores; mientras que el segundo, es algo que cambia permanentemente la forma en que se daba determinada cosa. En el ciberespacio éstos son propiedades muy peculiares, al mismo tiempo que lo diferencian enormemente del mundo físico. Esto es debido a la posibilidad que tiene el sujeto activo, de realizar la acción en un momento distinto del que se obtiene el resultado, pudiendo inclusive variar el medio comisivo para tal fin, y haciendo que la fragilidad y ambigüedad de aquél vuelvan más complicada su persecución y combate.

El ciberespacio se considera un espacio mientras los sujetos que naveguen en él se interrelacionen, esto es que se encuentren y relacionen; a diferencia del que hay en el mundo físico, toda vez que este espacio existe antes, durante y después de la relación entre los sujetos, aún sin interrelación ellos. El primero traza una contracción total del espacio (de las distancias) y la extensión de las posibilidades de encuentro y comunicación entre personas. Se habla de contracción, toda vez que ha acercado a un mismo lugar interactivo a personas que pueden estar en lugares muy distantes, en otras palabras: el espacio se contrae y la intercomunicación se expande.

Ahora bien, el que Internet se traduzca en la creación de un nuevo espacio en el cual se realicen actualmente muchas de las diversas áreas de la actividad humana, ocasiona que también pueda afirmarse que de la misma manera el tiempo, su percepción social en él sufra un cambio. Asimismo la forma en la que el mismo tiempo se organiza. De hecho, la incidencia de las TIC en el espacio se plasma irremediablemente en éste. La contracción del espacio conlleva, en primer lugar, un aumento de la importancia de aquél, y en segundo lugar, su compresión necesaria para la comunicación social.

Este último necesario para la comunicación entre dos personas separadas por un espacio físico, también se contrae ante la ausencia de la distancia y la aparición de un espacio virtual de intercomunicación inmediata. Así, lo que en el espacio físico nacional exige mucho tiempo, puede ser llevado a cabo de forma inmediata en el ciberespacio, con la consiguiente “aceleración de la vivencia subjetiva del tiempo”, dado que en Internet los eventos suceden mucho más rápidamente que en la vida no virtual.

En este contexto la reducción del tiempo necesario para llevar a cabo una determinada tarea, conlleva un estiramiento de las relaciones sociales, mientras que el avance de las TIC ha permitido salvar las “distancias temporales” entre las sociedades y acercarlas hasta convertir el contacto entre ellas en algo instantáneo. Ya que en el ciberespacio no se requiere recorrer una distancia para la comunicación, las posibilidades de contacto con múltiples sujetos aumentan y se reduce el tiempo necesario para ello. 

De igual forma éste al darse en el ciberespacio, se puede ver modificado en un sentido distinto a lo acabado de reflejar. Concretamente, este último puede convertir en perenne lo que en el espacio físico es instantáneo y caduco. Esto ocurre con los efectos de los actos en el ciberespacio: los comportamientos realizados a través de él, especialmente aquellos consistentes en la publicitación de contenidos, pueden quedar fijados durante un tiempo indeterminado y seguir desplegando efectos aunque su ejecución sólo haya durado un instante.

Además, la comunicación entre personas en el ciberespacio puede producirse en tiempos distintos, en el sentido de que el emisor puede enviar un mensaje comunicativo en un momento temporal determinado y no ser recibido hasta mucho después por el receptor. Así,  tenemos que, mientras en el espacio físico las acciones producen efectos en un momento específico, en el ciberespacio el resultado puede quedar fijado en un periodo indeterminado y afectar a un agente particular en el lapso en que se realiza; pero también en un periodo posterior cuando otro  interaccione con dicho efecto.  

De tal forma la capacidad de control por parte del agente del hecho en relación con el elemento temporal se ve afectada, así como la de los sujetos que interaccionan con lo realizado. Lo mismo sucede con el elemento espacial ya que, mientras en el espacio físico el sujeto activo tenía (generalmente menos) un mayor dominio sobre las coordenadas espacio-temporales del hecho; en el sentido de que podía definir el ámbito geográfico en el que iba a comenzar a producir resultados (aunque después estos pudieran escapar a lo deseado), así como el momento o instante temporal en el que iban a comenzar a hacerlo.

También era posible en muchos casos, definir concretamente el espacio físico en el que el hecho del agente iba a terminar de producir consecuencias, cuanto menos los más directamente derivados del mismo; y, de igual modo, el tiempo que iba a durar el hecho. Mientras que en el ciberespacio es más difícil concretar el ámbito geográfico-espacial en el que el hecho va a desarrollarse: algunas acciones se pueden dirigir concretamente contra un usuario, un colectivo o una institución determinada, pero incluso en esos casos la propagación de los efectos es más sencilla al no necesitar “recorrer distancias”.

Otras acciones además, son incontrolables en cuanto a su dimensión espacial: una vez difundido un contenido en Internet, es casi imposible saber quién, de qué lado del mundo, se verá afectado por los mismos. Por ello, la complejidad para la consumación de la causa a la que se puede atribuir el resultado o efecto es de esencia similar: mientras que la concreción del espacio geográfico donde se ha causado un determinado daño nos puede ayudar a identificar al responsable del mismo, en el ciberespacio  la identificación geográfica y temporal de un efecto o consecuencia no nos asegura ningún tipo de cercanía espacial o de tiempo con la causa.

Y lo mismo ocurre con el tiempo: cuando los efectos de una acción surgen en un momento determinado, en el ciberespacio no se puede asegurar que el hecho se haya iniciado por parte del sujeto en ese instante temporal. Por el contrario, los sujetos pasivos pueden convertirse en activos en el este espacio: es posible que un agente realice algo y “deje” el ciberespacio, y que sea otro sujeto el que interaccione con lo hecho por el primero posteriormente e independientemente de la voluntad del primero.   En definitiva, y a los efectos que más nos interesan, en el ciberespacio las coordenadas espacio-temporales se ven significativamente modificadas: por una parte, se comprimen las distancias y el tiempo que cuesta recorrerlas; por otra, y derivado de lo anterior, se expanden las posibilidades comunicativas entre las personas y los efectos de los hechos que apenas se ven limitados espacial o temporalmente.

Esto significa que cualquier individuo en el ciberespacio, salvo el impedimento del contacto físico directo, tiene menos  restricciones espaciales y temporales para sus actos, que en el espacio físico. También, que los resultados de las conductas, las consecuencias plasmadas en unas coordenadas espacio/temporales determinadas, ofrecen menor información en el ciberespacio de las coordenadas espacio/temporales del acto al que se deben atribuir las mismas y, por ello, del agente causante, que en el espacio físico.

Por lo anteriormente expuesto es que nos encontramos ante de una de las circunstancias que dificultan la persecución y combate del cibercrimen, ya que una vez que se toma conciencia de haber sido víctima de los cibercriminales, todo representa un verdadero viacrucis para éstos. Lo anterior toda vez que desde el acudir ante las autoridades a denunciar el hecho, desafortunadamente muchas veces resulta “engorroso” para el individuo y termina en una doble victimización.

El espacio temporal y territorial del cibercrimen puede ser muy engañoso al no obedecer los mismos principios y reglas del mundo real dentro de la configuración de las conductas delictivas tradicionales. Esto tal como mencionamos en párrafos anteriores, dificulta su persecución y combate al limitar, obstaculizar la investigación y clasificación del mismo en una acción ilícita igual a las que hemos enfrentado siempre, simplemente con una variación en el medio comisivo o fin ilícito  que utiliza o persigue cada uno.

  

OBSERVACIONES FINALES

 

A lo largo de este texto hemos podido observar que se ha analizado al ciberespacio  abarcando su naturaleza, características particulares que lo diferencian del mundo real como lo son el espacio y el tiempo, la identidad en él; así como desde diversos puntos de estudio como lo es un sistema, un eje social o un nuevo campo de acción de las conductas criminales. Todo ello nos permite tener una visión más amplia de un mundo tan profundo e interesante y a la vez peligroso, como lo es el ciberespacio y dentro del cual se dan conductas que pueden atentar en contra de una persona, un grupo o empresa, un país e incluso el mundo entero.

Es innegable la existencia del cibercrimen, del ciberespacio y de que estamos cada vez más adentrados en él. Sin embargo, aún es necesario analizarlo dentro de los alcances que puede tener en toda la actividad humana, y si bien es cierto que dentro de éste ya se desenvuelve casi de forma total y normal las acciones del hombre, como la educación o la salud, no es menos cierto que el cibercrimen está presente y que cada día más cobra una mayor necesidad de combate y cooperación internacional debido a sus multifacetas y contante variación en sus modalidades y alcances.

Si es un nuevo campo de acción del delito el ciberespacio? Sí, sí lo es. El cibercrimen es otra forma de cometer los mismos delitos de siempre, pero más rápido y a la distancia que se desee en un espacio todavía desconocido en muchos aspectos, ya que como vimos anteriormente, el espacio y el tiempo son dos características del delito que se ven modificadas en el ciberespacio. Y a pesar de tratarse de las mismas conductas criminales de siempre, como en el fraude el engaño por ejemplo,  en el phishing también lo hay, nada más que el instrumento para producir este último cambia, al igual que el lugar en donde se puede utilizar ese medio.

 

FUENTES:

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